El período en el que los niños y las niñas crecen y se desarrollan físicamente de manera más rápida que en cualquier otro momento es también el período en el que son más vulnerables a presentar carencias nutricionales. Este período inicia con el embarazo y concluye cuando cumplen dos años de vida, a este lapso de tiempo también se le conoce como 1000 días.
Durante este tiempo se presentan mayores necesidades nutricionales debido al rápido crecimiento y desarrollo del menor, por lo que, hay mayor susceptibilidad a enfermar, y de presentar desnutrición y deficiencias de micronutrientes como anemia.1-3 Las cuales, suponen una amenaza importante para la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo de los menores.
De modo que la salud y la nutrición de las madres influyen en gran medida en el estado nutricional de las niñas y los niños, por consiguiente en la presencia de desnutrición. La presencia de desnutrición o anemia durante el embarazo puede provocar un desarrollo deficiente del bebé y un bajo peso al nacer. Al mismo tiempo, la desnutrición materna aumenta el riesgo de mortalidad durante el parto.
Por ejemplo, un bebé que nace con un peso de entre 1.500 y 2.000 gramos tiene ocho veces más probabilidades de morir que un niño que nace con un peso adecuado de al menos 2.500 gramos. Se calcula que en el mundo el bajo peso al nacer produce alrededor del 3.3% de las muertes en infantes anualmente.4
La presencia de desnutrición durante los primeros dos años de vida afecta el crecimiento, desarrollo mental, desempeño intelectual y desarrollo de capacidades de los menores.1 Siendo causa importante de enfermedad y discapacidad desde pequeños, lo cual, menoscaba sus capacidades a futuro, y cuando llegan a ser adultos están en mayor riesgo a desarrollar enfermedades de tipo crónico como obesidad, diabetes, hipertensión arterial y dislipidemias.5 Posterior a los dos años de edad, difícilmente se logra revertir el daño ocasionado por la desnutrición.6
Entre las causas que ocasionan desnutrición materna-infantil se encuentran los relacionados a la pobreza como falta de acceso a alimentos, falta de acceso a los servicios de salud y/o deficiencias en el servicio, inadecuado cuidado de las niñas/os y sus madres, así como una inadecuada nutrición y presencia de enfermedades, los cuales, pueden variar entre los hogares, las comunidades y el país.
Por otro lado, una adecuada salud y nutrición de la madre, contribuirá al adecuado desarrollo y crecimiento del bebé. Posterior al nacimiento la mejor forma de evitar la aparición de desnutrición durante los primeros dos años de vida es desarrollando adecuadas prácticas de alimentación infantil.
Estás prácticas incluyen:
  • Lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida
  • Inicio de la alimentación complementaria (introducción de alimentos diferentes a la leche materna) a partir del sexto mes de vida
  • Mantenimiento de la lactancia materna junto con la alimentación complementaría hasta los dos años de edad.
Es importante mencionar que el período de lactancia materna y alimentación complementaria, es un proceso de aprendizaje, en el cual, los padres, principalmente la madre, debe aprender a reconocer cómo se comunica su bebé, y a partir de diferentes conductas como expresiones faciales, acciones motoras o vocalizaciones reconocer cuando su bebé necesita ser alimentado (alimentación perceptiva), esto ayudará a establecer patrones de alimentación saludables que contribuirán a prevenir no solo la desnutrición, sino también el inicio de obesidad, enfermedades crónicas y problemas de salud bucal.7
Ofrecer lactancia materna y dar una adecuada alimentación complementaria así como cumplir con un esquema completo de vacunación es la mejor forma de prevenir enfermedades comunes de la niñez, incluida la desnutrición infantil. Al prevenirse la desnutrición infantil y evitar sus múltiples consecuencias, así como otros problemas de nutrición y salud, se contribuye a que la niñez en México alcance un óptimo Desarrollo Infantil Temprano.